Flota eléctrica en América Latina genera $1,000 millones en ahorro en consumo
- Mario Andrés Muñoz

- hace 15 horas
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En medio de la volatilidad del mercado energético global y el alza sostenida en los precios de los combustibles, América Latina y el Caribe (ALC) comienza a capitalizar los beneficios de la electromovilidad. Según datos técnicos del sector, la actual flota de vehículos eléctricos en la región ya permite un ahorro cercano a los 1.000 millones de dólares al año en consumo energético, lo que equivale a unos 2.7 millones de dólares diarios, según la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE).

El contexto internacional, marcado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente, ha impulsado el precio del diésel y la gasolina hasta promedios de 1,30 dólares por litro. Frente a este escenario, la electricidad se consolida como una alternativa más estable y económica, posicionando a la movilidad eléctrica como un “blindaje financiero” para la región.
Uno de los principales factores detrás de estos ahorros es la eficiencia. Un vehículo eléctrico puede ser hasta cinco veces más eficiente que uno de combustión interna, lo que se traduce en un ahorro de hasta 81% por kilómetro recorrido.
En términos concretos, movilizar un automóvil eléctrico resulta en promedio 2.018 más barato al año que uno a gasolina. Si los precios de los combustibles aumentaran un 50%, ese ahorro podría escalar a tres mil 308 dólares anuales.
En el transporte público, el impacto es aún mayor. Cada bus eléctrico genera un ahorro anual de aproximadamente 26 mil dólares frente a uno diésel. En un escenario de incremento del 50% en los combustibles, el beneficio por unidad podría alcanzar los 48 mil 750 dólares, fortaleciendo su papel como una inversión estratégica para las ciudades.
Actualmente, la región cuenta con una flota estimada de ocho mil buses eléctricos y 400 mil vehículos livianos. Este parque ha permitido que un aumento del 40% en los combustibles amplifique los beneficios económicos de la electromovilidad en un 122%, evidenciando que la transición energética no solo responde a objetivos ambientales, sino también a una lógica económica.
El 80% de los ahorros proviene del segmento de vehículos livianos, lo que refleja una creciente adopción por parte de los consumidores. Además, los costos de la electricidad se han mantenido relativamente estables, con promedios de USD 0,13/kWh para buses eléctricos y USD 0,15/kWh para automóviles, reduciendo la exposición a choques externos.
En este contexto, la movilidad eléctrica deja de ser una apuesta a largo plazo y se consolida como una herramienta inmediata para enfrentar la crisis energética. La transición hacia tecnologías cero emisiones no solo reducen la dependencia de los hidrocarburos, sino que también fortalece la resiliencia económica de América Latina y el Caribe frente a la inflación energética global.



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