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Madrid impulsa una nueva hoja de ruta para la seguridad vial

: Con la participación de Panamá, delegaciones de 22 países acordaron pasar de los diagnósticos a la acción para prevenir siniestros viales. Jorge Vega, de la Fundación Reconocer recopiló la información, al participar en las diferentes jornadas durante la semana en Madrid, España.


Madrid se convirtió en el punto de encuentro de autoridades, expertos internacionales y organismos multilaterales decididos a cambiar el rumbo de la seguridad vial en Iberoamérica.


Durante la primera jornada del encuentro sobre Liderazgo, Gobernanza y Cooperación Regional, organizado en la sede de la Dirección General de Tráfico (DGT) de España, los participantes internacionales coincidieron en que el principal desafío ya no es identificar los problemas, sino ejecutar políticas públicas coordinadas que permitan reducir las muertes y lesiones en las carreteras.


La sesión comenzó con una reflexión del nuevo presidente del Observatorio Iberoamericano de Seguridad Vial (OISEVI), Marcelo Metediera, de Uruguay, quien recordó que, durante la más reciente asamblea del organismo, celebrada en El Salvador, ningún director de tránsito quería asumir la presidencia. Finalmente aceptó el reto y destacó que el escenario ha cambiado significativamente.


Según explicó, varios países que habían permanecido alejados del organismo volvieron a participar e incluso asistieron naciones que todavía no forman parte del OISEVI. Para Metediera, este renovado interés demuestra que la seguridad vial comienza a ocupar un lugar prioritario en la agenda de los gobiernos iberoamericanos.


Uno de los mensajes más contundentes de la jornada llegó desde la Organización Mundial de la Salud (OMS). Mas-Ake Belín, responsable global del Decenio de Acción para la Seguridad Vial, resumió el problema en una frase que marcó el debate: "No es falta de conocimiento. Es falta de implementación".


Belín recordó que durante los últimos años se han celebrado reuniones ministeriales en distintos continentes, desde Rusia y Brasil hasta Suecia y Marruecos, además de la Declaración de Estocolmo y los debates impulsados por Naciones Unidas. Sin embargo, advirtió que el verdadero reto consiste en convertir esos compromisos en acciones concretas.


También alertó sobre nuevos factores de riesgo que avanzan rápidamente en muchos países, como el crecimiento acelerado de las entregas a domicilio en motocicletas y el uso de micro vehículos, fenómenos que incrementan la exposición de usuarios vulnerables en las vías.


Posteriormente, el director general de Tráfico de España, Pere Navarro Olivella, presentó la experiencia española, insistiendo en que la seguridad vial debe integrarse dentro de la cultura de cada sociedad y no enfrentarse a ella.


Navarro introdujo un concepto que generó gran impacto entre los asistentes: la violencia vial. Para ilustrarlo narró el caso de una joven de 21 años que, mientras esperaba en un semáforo, fue impactada por otro vehículo y quedó en silla de ruedas de forma permanente.


"Eso es violencia vial", afirmó.


A partir de ese ejemplo defendió la necesidad de colocar a las víctimas en el centro de todas las políticas públicas, transformando su dolor en motor de reformas institucionales.


El responsable español propuso además avanzar hacia una armonización regional de las normas de tránsito, tomando como referencia la experiencia de la Unión Europea. Entre las prioridades mencionó la homologación de licencias de conducir, requisitos mínimos comunes, regulación sobre cascos, cinturones de seguridad, airbags, alcohol al volante, distracciones y reincidencia de infracciones.


Según explicó, una estrategia regional coordinada permitiría acelerar la reducción de los siniestros de tránsito en toda Iberoamérica.


La jornada continuó con la presentación del Informe Iberoamericano de Seguridad Vial a cargo del secretario del OISEVI, Álvaro Gómez, quien expuso las principales tendencias de la región.


El informe reúne información de 17 de los 22 países miembros, con Brasil y México aportando más de la mitad de los registros disponibles. También reveló diferencias de aproximadamente un 16 % entre las cifras nacionales y las estimaciones elaboradas por la OMS, producto de distintas metodologías para contabilizar las víctimas.


Entre los datos más preocupantes figura que el 82 % de las personas fallecidas en accidentes de tránsito son hombres. En España predominan las víctimas mayores de 65 años, mientras que en América Latina casi el 40 % de las muertes corresponde a jóvenes entre 15 y 29 años.


Gómez advirtió además que la mortalidad vial mantiene una tendencia creciente durante la última década y destacó que cuatro de cada diez personas fallecidas en la región son motociclistas. En países como Colombia y República Dominicana ese porcentaje supera el 60 %.


"Donde hoy no hay motocicletas, las habrá", advirtió, al señalar que este fenómeno continuará expandiéndose en toda la región.


Dentro del panorama regional, Panamá fue mencionado como una excepción positiva al registrar una reducción en sus indicadores, contrastando con la tendencia creciente observada en la mayoría de los países iberoamericanos.


La experiencia de El Salvador mostró cómo las reformas legales pueden traducirse en cambios concretos cuando existe coordinación entre instituciones.


La directora del Observatorio Nacional de Seguridad Vial, Bessy Guzmán, explicó que el país actualizó su legislación después de tres décadas sin modificaciones, incorporando medidas como la política de cero tolerancia al alcohol, la implementación de fotomultas, el uso obligatorio del cinturón de seguridad, la exigencia de cascos para todos los ocupantes de motocicletas, la obligatoriedad de sistemas de retención infantil y la incorporación de la educación vial dentro del currículo nacional.


Asimismo, destacó la creación de programas de apoyo económico para familias de víctimas, atención psicológica especializada y convenios de cooperación con organizaciones internacionales como la Federación Iberoamericana de Asociaciones de Víctimas contra la Violencia Vial (FICVI).


Guzmán subrayó que el éxito del modelo salvadoreño descansa en un trabajo articulado entre múltiples instituciones y en el funcionamiento permanente del Consejo Nacional de Seguridad Vial.


Otro de los casos analizados fue el de República Dominicana, considerado uno de los países con mayores índices de mortalidad vial de la región.


El director del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), Milton Morrison, explicó que el país registra alrededor de tres mil fallecimientos al año por accidentes de tránsito y que, tras revisar la baja implementación del plan aprobado en 2021, el gobierno decidió convertir la seguridad vial en una prioridad nacional.


El nuevo programa contempla un plan de cinco años respaldado por un decreto presidencial y un pacto suscrito por 21 entidades públicas y privadas.


Entre las principales reformas figura un nuevo sistema de licencias para motociclistas. Morrison reveló que anteriormente menos del 1 % de quienes conducían motocicletas contaban con licencia específica.


Actualmente los aspirantes deben asistir a jornadas obligatorias de educación vial, aprobar exámenes teóricos y someterse a evaluaciones psicofísicas.


En apenas seis meses, más de 155 mil motociclistas han participado en estos programas de formación, acompañados de campañas de sensibilización sobre alcohol, drogas y conducción responsable.


Al cierre del encuentro, Marcelo Metediera presentó las prioridades que marcarán la nueva etapa del OISEVI: armonizar la normativa sobre factores de riesgo, avanzar hacia permisos de conducir compatibles entre países, fortalecer las redes de cooperación técnica y construir políticas públicas adaptadas a la realidad de cada nación.


El presidente del organismo insistió en que el objetivo no es imponer modelos únicos, sino generar herramientas comunes que permitan a cada país desarrollar soluciones eficaces dentro de su propio contexto.


La jornada concluyó con una reflexión de Pere Navarro, quien citó una frase atribuida al papa León XIV: "La defensa de la vida es el objetivo y meta de la civilización".


Más que una cita simbólica, el mensaje resumió el espíritu del encuentro: convertir la seguridad vial en una política de Estado, fortalecer la cooperación regional y pasar definitivamente de los diagnósticos a la acción. La agenda continuará con nuevas sesiones centradas en el papel de las víctimas y la construcción de soluciones compartidas para reducir las muertes en las carreteras de Iberoamérica.

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