Dejar en paz la bocina y otras buenas prácticas
- Mario Andrés Muñoz
- hace 23 horas
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Actualizado: hace 12 horas
El escritor español Carlos Malo de Molina se radicó en Panamá desde hace diez años y lo primero que le sorprendió fue la facilidad con la que los conductores tocan la bocina en Panamá, alterando la tranquilidad al ir a buscar a una persona en un edificio o al apurar a un peatón al cruzar la calle. Pequeñas conductas cotidianas hacen la diferencia en temas de seguridad vial.

El Reglamento de Tránsito establece que la bocina debe utilizarse únicamente como un dispositivo de advertencia ante una situación de peligro o emergencia, no como una herramienta para expresar impaciencia o molestia. Sin embargo, es el hábito habitual que se percibe a diario.
Más allá de la norma, tocar la bocina sin necesidad genera contaminación acústica, aumenta el estrés de conductores y peatones y contribuye a crear un ambiente de agresividad en las calles. En zonas residenciales o durante la noche, el impacto también alcanza a quienes descansan, convirtiendo un recurso de seguridad en una fuente de molestias para la comunidad.
Atendiendo las críticas de Malo Molina, quien participó recientemente en un foro, otras prácticas molestas y, peligrosas son adelantar por la derecha, no utilizar las luces direccionales o distraerse con el teléfono celular. Son formas de una cultura de conducción que incrementa el riesgo de siniestros y deteriora la convivencia en las vías.
Otro comportamiento que preocupa es adelantar por la derecha, advierte el escritor. Salvo algunas excepciones, como cuando un vehículo va a girar a la izquierda o en determinadas vías con varios carriles, esta maniobra aumenta el riesgo de colisiones. A pesar de ello, es frecuente observarla en autopistas y corredores, donde algunos conductores buscan ganar unos segundos poniendo en peligro a los demás usuarios de la vía.
¿Para qué sirve la luz direccional? El intelectual español advierte que muchas personas parece que no lo saben. Avisar con anticipación un cambio de carril o un giro permite que los demás conductores anticipen la maniobra y reaccionen de forma segura. Cuando un conductor cambia de dirección sin señalizar, aumenta la posibilidad de choques laterales, frenazos bruscos y conflictos entre vehículos.
El celular está fuera de control. Se insiste en usar celular mientras se maneja. Es una de las principales causas de distracción. Leer mensajes, responder llamadas, revisar redes sociales o manipular aplicaciones desvía la atención durante segundos que pueden marcar la diferencia entre evitar un accidente o convertirse en protagonista de uno. Conducir exige concentración total, ya que cualquier distracción reduce la capacidad de reacción ante un peatón, un motociclista o un obstáculo inesperado.
El respeto hacia los peatones también representa un desafío importante. En Panamá, la mayoría de las víctimas fatales de tránsito corresponde a personas que caminaban por la vía pública. No respetar los pasos peatonales, invadir las aceras con vehículos o tocar la bocina para presionar a los caminantes son conductas que ponen en riesgo a los usuarios más vulnerables del sistema vial.
Esta práctica se está combatiendo, pero otro incumplimiento frecuente es el estacionamiento indebido. Vehículos detenidos sobre líneas amarillas, pasos peatonales, aceras o accesos para personas con discapacidad afectan la movilidad y obligan a peatones y otros conductores a realizar maniobras peligrosas. En este contexto, las autoridades municipales han comenzado a implementar medidas como la inmovilización de automóviles mediante dispositivos conocidos como "botas", con el propósito de desincentivar estas infracciones y recuperar el orden en los espacios públicos.
Carlos Malo señala que la velocidad inadecuada, el exceso de confianza, los cambios bruscos de carril, no mantener una distancia prudente entre vehículos y la falta de cortesía al conducir también forman parte de una lista de comportamientos que deterioran la seguridad vial. Aunque cada uno pueda parecer una infracción menor de manera aislada, su combinación explica buena parte de los incidentes que ocurren diariamente.
La seguridad vial no depende de más controles o mayores sanciones. También requiere un cambio cultural en el que cada conductor comprenda que conducir implica una responsabilidad hacia los demás. Cada decisión al volante afecta la vida de pasajeros, peatones, motociclistas, ciclistas y otros automovilistas.
Reducir el número de víctimas en las carreteras pasa por cumplir las normas, respetar a los demás usuarios de la vía y abandonar prácticas que durante años se han normalizado. Tocar la bocina solo cuando exista un riesgo real, utilizar las luces direccionales, respetar los límites de velocidad, evitar el uso del teléfono celular y conducir con cortesía son acciones sencillas que pueden salvar vidas.
La verdadera seguridad vial comienza mucho antes de que ocurra un accidente: empieza con el comportamiento de cada persona al volante.