¿Conductores ineficientes? La conducción autónoma puede reducir un 20% el consumo energético
- Mario Andrés Muñoz

- hace 1 día
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Cuando se habla de vehículos autónomos y conectados, el debate suele centrarse en la seguridad vial o en la comodidad del usuario. Sin embargo, hay un beneficio igual de relevante que empieza a ganar peso en los estudios técnicos y científicos: su capacidad para reducir el consumo energético, las emisiones contaminantes y el tiempo perdido en congestiones urbanas e interurbanas.

La clave está en que la conducción autónoma puede corregir tres grandes ineficiencias estructurales del tráfico actual: la irregularidad propia de la conducción humana, las retenciones generadas por el efecto stop-and-go y la mala gestión del flujo en intersecciones con semáforos.
Un análisis elaborado por Carglass España, basado en la literatura científica internacional más citada sobre tráfico y eficiencia energética, estima que una implantación generalizada de la conducción autónoma podría generar un ahorro anual de entre 14.4 y 16.4 millones de toneladas de CO₂, lo que equivale a una reducción global de entre el 17% y el 20% de las emisiones y del consumo energético del transporte por carretera. A esto se suma una disminución de hasta un 15% del tiempo de desplazamiento en zonas afectadas por congestión y semáforos.
Una parte significativa del consumo de combustible y de las emisiones contaminantes se origina en las retenciones sin causa aparente. Estas se producen cuando pequeñas frenadas se amplifican hacia atrás: cada vehículo frena un poco más tarde y acelera un poco peor que el anterior, hasta que el tráfico se detiene y vuelve a arrancar en cadena.

Numerosos estudios han demostrado que estos atascos pueden surgir únicamente por el comportamiento humano al volante, sin accidentes ni obstáculos físicos. La conducción autónoma, en cambio, permite suavizar el flujo, mantener distancias constantes y eliminar esas oscilaciones de velocidad.
El impacto es notable: en tramos afectados por stop-and-go, la eliminación de estas ondas puede reducir el consumo de energía y las emisiones hasta en un 40%, además de acortar los tiempos de viaje en torno a un 15%.
Las intersecciones semaforizadas son otro gran foco de ineficiencia. Cuando la luz cambia a verde, los vehículos no arrancan de forma simultánea, sino de manera escalonada, lo que reduce la capacidad real de la vía y genera aceleraciones y frenadas innecesarias.
Los vehículos autónomos y conectados permitirían arranques coordinados y aproximaciones más eficientes a los semáforos, anticipando frenadas y evitando aceleraciones bruscas. El resultado depende del nivel de saturación: en cruces poco congestionados, los ahorros de tiempo rondan el 10%, mientras que en intersecciones saturadas pueden alcanzar hasta un 30%, con efectos positivos que se extienden a toda la red urbana.
Más allá de atascos e intersecciones, la conducción autónoma introduce una ventaja estructural: aplica siempre una conducción eficiente. Mantiene velocidades estables, respeta los límites, suaviza aceleraciones y anticipa frenadas, algo que los conductores humanos solo logran de forma irregular.
Incluso en circulación estable, los sistemas de conducción automatizada pueden reducir el consumo energético entre un 4% y un 8%, simplemente eliminando comportamientos erráticos o agresivos.
Uno de los aspectos más interesantes es que no hace falta una adopción total para observar beneficios. Incluso con una presencia reducida, los vehículos autónomos y conectados actúan como estabilizadores del tráfico, suavizando perturbaciones y mejorando el comportamiento de los vehículos conducidos por personas.
Este efecto se propaga aguas arriba, reduciendo consumo y tiempos de viaje también en vehículos no automatizados.
Todos estos datos confirman que el futuro de la movilidad autónoma no solo pasa por la tecnología o la comodidad, sino también por una movilidad más eficiente, más limpia y mejor aprovechada.







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