Max Verstappen consigue la licencia para correr las 24 Horas de Nürburgring
- Benjamín Chellew

- 13 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Acostumbrados a ver a Max Verstappen dominar con mano firme la Fórmula 1, cuesta imaginarlo al volante de un auto con apenas 300 caballos de fuerza, rodeado de tráfico de todo tipo y bajo la lluvia del Nürburgring Nordschleife. Pero eso fue exactamente lo que pasó este fin de semana: el neerlandés dejó a un lado las cámaras de la F1 para conseguir algo mucho más terrenal y personal, su DMSB Permit A, la licencia que lo habilita para correr en GT3 en la pista más temida y admirada del mundo.

“Estoy feliz de haber conseguido el permiso. Disfruté mucho, como siempre en este circuito”, confesó Verstappen tras bajarse del coche, con la satisfacción de haber cumplido un reto que muchos campeones de monoplazas nunca se atreven a intentar.
En el Nordschleife no se regala nada a nadie. Sus 20,8 kilómetros de curvas ciegas, cambios de superficie y climas impredecibles le han valido el apodo de “Infierno Verde”. Y la federación alemana, lo sabe: ni los títulos de F1 sirven si quieres correr ahí en un GT3.
Por eso Max tuvo que pasar por el mismo filtro que cualquier otro piloto. Un Porsche 718 Cayman GT4 CS limitado a 300 hp, un procedimiento de salida bajo bandera verde, tráfico constante entre autos más rápidos y más lentos, lluvia intermitente y hasta un code 60 que neutralizó la carrera. Todo eso en un fin de semana que lo puso a prueba como aprendiz, no como tetracampeón mundial.

Entre vueltas, lluvia y nervios
Verstappen completó 14 vueltas obligatorias repartidas en dos stints de siete giros cada uno. Su mejor tiempo fue de 9:01.410, casi un minuto más rápido que su crono de clasificación en pista mojada, prueba de la rápida adaptación al trazado. Tras cumplir con su parte, entregó el coche al británico Chris Lulham, compañero suyo tanto en las carreras de resistencia como en el simracing.
El resultado fue anecdótico: 27º de la general y séptimos en la clase CUP3, dentro de un pelotón de 114 autos. Lo realmente importante fue que, pese a la caída del segundo auto del equipo (#89) en clasificación, el comité terminó otorgándole la licencia tras deliberar sobre lo sucedido.

“Fue positivo experimentar tráfico con autos más rápidos y más lentos, además de condiciones cambiantes. Gané experiencia en dónde hay grip y dónde no, y también completé un procedimiento de salida”, explicó Max, que sonaba más entusiasmado por la vivencia que por el papel firmado.
Lo más curioso de todo es ver cómo Verstappen aceptó con naturalidad lo que muchos considerarían un trámite menor. Mientras en la F1 pilota un monoplaza con más de 1000 caballos, aquí tuvo que conformarse con un Cayman restringido, cerca de cien caballos menos potente y con más de 1,300 kg de peso. Y en lugar de molestarse, lo vivió como un privilegio: una oportunidad para aprender, sumar horas y acercarse a un sueño.

Porque al final, de eso se trata: las 24 Horas de Nürburgring. Ese es el objetivo. “Disputar una carrera de 24 horas aquí, en un GT3, sería increíble”, aseguró el neerlandés, dejando claro que no se trata de un capricho, sino de un proyecto personal que quiere cumplir.
Ahora que ya tiene la licencia, Verstappen puede inscribirse en autos GT3 en el Nordschleife. De hecho, hay rumores de que podría volver muy pronto, el 27 de septiembre, esta vez al volante de un Ferrari 296 GT3, en plena pausa entre el Gran Premio de Azerbaiyán y el de Singapur.
Más allá de si se concreta o no, lo cierto es que este paso confirma que Verstappen no piensa limitar su carrera a la Fórmula 1. El hombre que domina los domingos de F1 quiere también domar las noches y madrugadas de la resistencia.







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