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El engranaje invisible que sostiene al Rally Dakar

Mientras los focos apuntan a los pilotos y a los vehículos que desafían el desierto, el Rally Dakar se apoya en una estructura humana y técnica que rara vez aparece en pantalla. Detrás de cada etapa, existe un equipo silencioso que garantiza que la carrera siga en marcha, incluso en las condiciones más extremas.

La edición más reciente del Dakar reúne a 812 competidores de 69 países, con 325 vehículos recorriendo cerca de 8.000 kilómetros en Arabia Saudí. Mantener a todos en ruta, seguros y operativos durante dos semanas exige una logística compleja que se despliega desde el vivac, el verdadero corazón del rally.


Uno de los roles clave es el de los operadores de cámara aérea. Desde helicópteros, capturan las imágenes icónicas del Dakar: vehículos saltando dunas o atravesando pasos montañosos. Profesionales como Eric Visier llevan décadas volando en condiciones extremas, coordinados con pilotos y periodistas para mostrar la carrera al mundo desde el aire.


En tierra, el desgaste es constante, especialmente para los neumáticos. Las rocas y el calor convierten cada etapa en una prueba de resistencia para las ruedas. Técnicos especializados trabajan las 24 horas en carpas de asistencia, cambiando hasta 250 neumáticos al día y gestionando miles a lo largo de toda la competencia. Para ellos, el Dakar se resume en una sola imagen: neumáticos que llegan destrozados y salen listos para otra etapa.

La alimentación es otro pilar fundamental. En el vivac, donde conviven equipos, mecánicos, prensa y personal de apoyo, algunos conjuntos optan por chefs propios. Desde camiones adaptados, cocineros preparan menús personalizados en medio del desierto, enfrentando la escasez de ingredientes y largas jornadas de trabajo, con el objetivo de mantener al equipo en condiciones óptimas.


La mecánica especializada también juega un papel decisivo. Técnicos de suspensiones reparan y reconstruyen amortiguadores dañados tras jornadas especialmente duras. Camiones-taller climatizados permiten realizar desde ajustes rápidos hasta reconstrucciones completas, muchas veces entrada la noche, cuando los últimos competidores regresan al vivac.


La seguridad y la coordinación recaen en el control de carrera, conocido como PCO. A través de sistemas de seguimiento, GPS y comunicación directa, este equipo supervisa cada movimiento del rally. Desde el vivac y con apoyo en París, se aseguran de que todos los participantes salgan por la mañana y regresen por la noche, activando rescates y helicópteros cuando ocurre un accidente.


También hay trabajos menos visibles pero esenciales, como el transporte de la prensa. Conductores de autobuses nocturnos trasladan a periodistas exhaustos entre vivacs, en vehículos equipados para que puedan descansar mientras la caravana avanza hacia la siguiente etapa.


Finalmente, el camión escoba representa el último recurso. Su misión es rescatar a quienes quedan fuera de carrera, llevar agua y comida, y sacar a pilotos y vehículos de situaciones críticas. Más allá de la técnica, su valor es humano: llegar cuando alguien está perdido, sin recursos, y devolverlo a un lugar seguro.


El Dakar moderno presume de tecnología y altos estándares de seguridad, pero sigue dependiendo de personas que trabajan lejos del protagonismo. Son ellos quienes, día y noche, hacen posible que la carrera más dura del automovilismo continúe avanzando por el desierto.

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