Los Loder reviven el espíritu del Dakar Classic
- Mario Andrés Muñoz

- hace 4 días
- 2 Min. de lectura
Por definición, los vehículos que participan en el Dakar Classic cargan con décadas de historia. Algunos, como el de los hermanos Loder, llevan además una memoria familiar que atraviesa generaciones y desiertos.

La historia comienza en 1985. Laurence y Maximilian apenas existían cuando su padre, Josef Loder, recorrió los 14.000 kilómetros de la séptima edición del París Dakar al volante del Puch original. Aquella travesía no fue una aventura personal, sino una misión precisa: brindar asistencia rápida a los pilotos oficiales de BMW que luchaban por la victoria.
En aquel entonces, BMW no fabricaba vehículos 4x4 y se negaba a recurrir a la competencia de Mercedes. La solución fue confiar en los especialistas austriacos de Puch. Así, Josef quedó al servicio de Gaston Rahier, Raymond Loizeaux y Jean-Claude Morellet, conocido como “Fenouil”.
Hoy, con más de 80 años, “Beppo” Loder volvió al desierto. Viajó a Arabia Saudí para seguir de cerca la réplica del automóvil que ahora conducen sus hijos. También para revivir, con la memoria intacta, las historias de hace medio siglo.
“Un día nos encontramos con Fenouil, que había roto el motor”, recuerda Josef. “Pasamos horas haciendo mecánica en la pista para que pudiera continuar. Días después enfermó y tuvo que abandonar”. Rahier, en cambio, siguió sin contratiempos y ganó el rally por segunda vez consecutiva. “Nosotros terminamos penúltimos, pero fue una de las ediciones más duras”, dice con una sonrisa que mezcla orgullo y nostalgia.
Ese espíritu marcó a sus hijos. El Puch conserva casi la misma silueta, aunque ya no luce la publicidad de cigarrillos ni el famoso conejito de una revista erótica. Lo esencial permanece: la mecánica, el carácter y la herencia.

Maximilian y Laurence recorren hoy las pistas y dunas saudíes con respeto y determinación. “La primera semana fue buena, aunque tuvimos algunos sustos”, cuentan. En la etapa previa al descanso, el vehículo volcó de costado, pero logró continuar sin daños graves.
Desde entonces, la exigencia se ha hecho sentir. Aparecen grietas, problemas en la suspensión y fatiga en los puntos de anclaje. Nada inesperado en el Dakar. “Lo más importante es llegar a la meta”, coinciden.
Más allá del desafío deportivo, su presencia en esta edición tiene un sentido íntimo. Es un homenaje a su padre y a la pasión que les transmitió. “Nos dijo que el Dakar no se puede explicar”, recuerdan. “Que simplemente hay que vivirlo”.
Y eso es exactamente lo que están haciendo. Sobre un automóvil cargado de historia, escriben su propio capítulo en la leyenda del desierto.








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