El peligro de la velocidad superior al límite
- Mario Andrés Muñoz

- hace 16 horas
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Conduce a 120 kilómetros por hora. La carretera parece despejada y, por unos segundos, la velocidad deja de sentirse peligrosa. El conductor adelanta, cambia de carril y continúa acelerando hasta que, a pocos metros, aparece un vehículo familiar que intenta incorporarse a la vía. Frena.

El automóvil responde, pero el susto es suficiente. Al pasar junto al otro vehículo alcanza a ver a una pareja y, en el asiento trasero, a dos niños. Por unos segundos piensa en lo que pudo ocurrir. También piensa en su propia familia. Levanta el pie del acelerador. A partir de ese momento ya no mira solamente su velocímetro. Empieza a observar a los demás: el conductor que intenta incorporarse, el peatón que espera para cruzar, el motociclista que comparte el carril, la persona que puede equivocarse en una intersección.
Comprende algo sencillo: conducir también es un ejercicio de empatía. En las calles y carreteras no circulan únicamente vehículos. Se desplazan personas. Cada automóvil lleva una historia, una familia y alguien que espera llegar a casa.
Esa reflexión resume buena parte del desafío de la seguridad vial: entender que prevenir un siniestro no depende exclusivamente de carreteras, leyes o tecnología. También depende de las decisiones que cada persona toma detrás del volante.
La seguridad vial es un asunto de interés público que involucra a toda la sociedad y requiere la participación de distintos sectores para generar soluciones y fortalecer una cultura de prevención. En ese escenario, la educación y el acceso a información confiable son herramientas fundamentales para reducir los riesgos en las vías.
Con ese propósito, Ford Centroamérica, a través de su plataforma Maneja Seguro con Ford, realizó el “Encuentro de Periodismo y Seguridad Vial”, una iniciativa que reunió a periodistas y especialistas para analizar los principales retos de la movilidad en Panamá y ofrecer herramientas que permitan comprender mejor las causas y consecuencias de los siniestros viales.
La jornada también colocó sobre la mesa un aspecto pocas veces considerado cuando se habla de seguridad vial: la manera en que los medios de comunicación cuentan los hechos de tránsito.
Durante el conversatorio, Osiris Gratacós de Alvarado, cofundadora de Fundación Educación Vial, explicó los fundamentos del Sistema Seguro, un enfoque que parte de una realidad: los seres humanos pueden cometer errores, pero esos errores no deberían terminar necesariamente en una muerte o una lesión grave.
El modelo contempla cinco grandes pilares: infraestructura vial segura, vehículos seguros, usuarios seguros, políticas y regulación en seguridad vial, y atención a víctimas y gestión de emergencias.
El concepto cambia la manera tradicional de analizar los siniestros. Ya no se trata únicamente de determinar quién tuvo la culpa, sino de preguntarse qué elementos pudieron evitar que una equivocación terminara en una tragedia.
Una carretera diseñada correctamente, una velocidad adecuada, un vehículo con sistemas de seguridad, una señalización visible o una respuesta rápida de los servicios de emergencia pueden representar la diferencia entre un susto y una consecuencia irreversible.
El Dr. Jorge Quijada-Alarcón, investigador de la Universidad Tecnológica de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigación de SENACYT, abordó precisamente la relación entre infraestructura, movilidad y derechos ciudadanos.
Durante su intervención se analizaron temas como la necesidad de contar con calles y carreteras diseñadas para proteger la vida, la movilidad universal, las zonas de baja velocidad y la creación de entornos escolares más seguros.
El planteamiento obliga a cambiar otra idea frecuente: las calles no pertenecen exclusivamente a los automóviles.
Peatones, ciclistas, motociclistas, personas con discapacidad, adultos mayores, niños y usuarios del transporte público también forman parte del sistema de movilidad y necesitan condiciones adecuadas para desplazarse.
El encuentro contó además con la participación de Arnulfo Enrique Delgado Real, perito en accidentología vial con experiencia en investigación y reconstrucción de siniestros, quien explicó conceptos fundamentales para entender lo que realmente ocurre después de una colisión.
Para el periodismo representa un desafío importante. Durante muchos años, buena parte de las noticias sobre tránsito se ha limitado a informar dónde ocurrió un accidente, cuántas personas resultaron heridas o fallecidas y qué vehículos estuvieron involucrados.
Pero detrás de cada hecho existen preguntas adicionales. ¿La velocidad era adecuada para esa vía? ¿Había iluminación suficiente? ¿La señalización era visible? ¿Existía un cruce peatonal? ¿La carretera tenía condiciones seguras? ¿El conductor estaba distraído? ¿Las víctimas utilizaban sistemas de protección? ¿Cuánto demoró la atención de emergencia?
Responder esas preguntas permite pasar de una noticia sobre un hecho aislado a una información que puede ayudar a prevenir el siguiente siniestro.
Durante el encuentro se insistió precisamente en la necesidad de avanzar hacia un periodismo de servicio que incorpore contexto, rigor en el uso del lenguaje y una mirada más amplia sobre los factores que influyen en la seguridad vial.
También se destacó la importancia de evitar la revictimización de las personas involucradas y de comprender que detrás de cada cifra existe una historia humana.
Porque una estadística puede decir que una persona murió en una carretera. Pero esa cifra no cuenta quién esperaba que llegara a casa. Por eso la seguridad vial necesita algo más que normas y controles. Necesita responsabilidad compartida.
El conductor que decide reducir la velocidad. El peatón que cruza por un lugar seguro. El motociclista que utiliza el equipo de protección. Las autoridades que diseñan mejores carreteras. Las empresas que desarrollan vehículos más seguros. Los medios que explican los riesgos y los ciudadanos que comprenden que compartir la vía exige respeto.
La empatía también puede ser una herramienta de seguridad vial. Tal vez aquel conductor que iba a 120 kilómetros por hora nunca vuelva a encontrarse con la familia que provocó su reflexión.
Pero después de aquel susto entendió algo que puede cambiar la manera de conducir: llegar unos minutos antes nunca será más importante que permitir que todos lleguen.
Ese puede ser, finalmente, el principio más sencillo de una cultura de seguridad vial: conducir pensando que en cada vehículo que encontramos en el camino viaja alguien tan importante para otra persona como nuestra propia familia lo es para nosotros.



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