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¿limitador de velocidad por GPS? La UE estudia controlar la velocidad en los autos nuevos

La idea de que tu propio automóvil tome el control de los frenos o reduzca la potencia del motor sin tu consentimiento ya no pertenece a la ciencia ficción. La Comisión Europea analiza una regulación que busca implementar un limitador de velocidad por GPS obligatorio en todos los vehículos nuevos comercializados a partir del año 2030.



Para cualquiera de nosotros que disfrute estar al volante, la idea es controversial. Cruzar la línea entre un asistente o una alerta a una computadora que toma el control absoluto del motor cambia por completo las reglas del juego entre el auto y el conductor.


Limitador de velocidad por GPS: Más que una advertencia


Desde julio de 2024, la normativa europea exige que todo auto nuevo incluya el Asistente de Velocidad Inteligente (ISA, por sus siglas en inglés). En su versión actual, este dispositivo emite señales acústicas o visuales cuando el conductor excede el límite de velocidad establecido, permitiendo al usuario desactivarlo o ignorarlo durante el trayecto.


Sin embargo, fuentes cercanas a la Comisión Europea han señalado que esta fase inicial de advertencias siempre fue pensada como un paso provisional. La nueva iniciativa propone integrar cámaras de reconocimiento de señales, cartografía digital y posicionamiento satelital por GPS para intervenir de forma directa.


Si el sistema detecta que el vehículo sobrepasa el límite legal de la vía, recortará la entrega de potencia del motor de manera automática. Aunque se contempla una función de anulación temporal para emergencias, aún no se ha definido qué tan accesible o prolongada será su activación.


Margen de error y riesgos en la conducción real


El principal argumento en contra de esta medida no es solo filosófico, sino profundamente técnico. Un estudio elaborado por la entidad de investigación Thatcham Research reveló que los sistemas ISA actuales registran un margen de error notable, fallando en el 25.7% de los cambios de límite de velocidad.


Esto significa que, en uno de cada cuatro eventos de transición de velocidad, la tecnología interpreta de forma incorrecta la velocidad máxima permitida. Una falla de este tipo resulta incómoda cuando solo emite un pitido, pero se vuelve sumamente peligrosa si el vehículo decide frenar de manera autónoma en plena autopista.


Se han documentado casos donde el navegador confunde un tramo de autopista de 88 km/h (55 mph) con una zona urbana de 40 km/h (25 mph), o asigna límites de 105 km/h (65 mph) a caminos angostos de tierra. Una desaceleración imprevista en una vía rápida expondría a los ocupantes a colisiones traseras severas.


Además, un vehículo limitado electrónicamente a la velocidad exacta de la vía podría transformarse en un obstáculo móvil. Si el resto del tráfico circula entre 16 a 32 km/h (10 a 20 mph) por encima del límite, se podrían generar maniobras de rebase imprudentes por parte de otros conductores.



Rastreo por GPS, ciberseguridad y la expansión del control a otros mercados


La implementación de un control satelital plantea serias dudas respecto a la privacidad de los usuarios y la protección de datos de localización. A esto se suma el riesgo de ciberataques, donde una vulnerabilidad en el software podría bloquear el funcionamiento del vehículo o deshabilitar sus sistemas de gestión.


Aunque la propuesta está en una etapa de debate inicial en Bruselas, el impacto de esta tecnología ya cruza el Atlántico. En Estados Unidos, estados como Virginia y Washington ya permiten el uso de limitadores para conductores reincidentes, mientras que el organismo IIHS exigirá tecnología ISA para otorgar sus máximas calificaciones de seguridad desde 2027.


Por otro lado, la erradicación total de las infracciones por velocidad eliminaría una fuente constante de ingresos fiscales para los Estados miembros, derivada de las multas de tránsito. A pesar de estas incertidumbres, la Unión Europea mantiene su meta de la "Visión Cero", buscando eliminar las muertes en carretera para el año 2050.


El debate entre la seguridad y el control del conductor definirá las tecnologías de conducción en los proximos años. Si bien la búsqueda de carreteras más seguras es una prioridad indiscutible, delegar las decisiones críticas de aceleración a un sistema que aún presenta fallas de lectura genera razonables dudas.


Por ahora, la propuesta de la Comisión Europea se encuentra en fase de análisis técnico y discusión con la industria. Las autoridades deberán determinar si la tecnología es lo suficientemente precisa antes de transformar las asistencias a la conducción en un control electrónico obligatorio.

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