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  • Foto del escritorEdsson Araúz

¿Hay peligro de contagio en las agencias de autos?

En el momento en que usted lee este artículo las agencias de automóviles tienen sus áreas de venta cerradas al público por una medida sanitaria que afecta a todo el comercio al por menor, con algunas excepciones como supermercados o farmacias.

La normativa en contra de este sector se ha extendido en Panamá durante todo enero al igual que durante cuatro meses en el 2020. La pregunta que surge es que si en realidad se trata de áreas de contagio del virus Covid-19 y de verdad son un peligro para la salud.

En principio, sabemos que todo lugar puede ser fuente de contagio y que toda persona puede contagiarnos, incluso, si es asintomática. Acudir a un “showroom”, sin embargo, no puede ser más contagioso que ir a un supermercado o un almacén por departamento, donde las aglomeraciones han sido el pan de cada día. Por la propia naturaleza del negocio, los clientes no acuden en masa a una sucursal de una distribuidora de autos.

Algunas personas dirán que no es momento para comprar un automóvil, es una inversión alta en momentos que hay mucho desempleo y la situación económica es crítica. Sería un gasto superfluo.

Sin embargo, hay que recordar que hace pocos días, en diciembre, se vendieron 3,742 vehículos nuevos, el mejor mes del año para la industria. Es decir, existe una necesidad y un mercado que tiene un gran potencial de recuperación.

Para medir su importancia, en tiempos normales el sector automotor suma ingresos por mil 500 millones de dólares al año, genera cinco mil puestos directos y 9,000 indirectos, representa el 20% de primas de seguros del país y 16% del crédito bancario.

Por pandemia las ventas de autos nuevos disminuyeron 50% en comparación al 2019, incluso varias marcas sufrieron una tendencia mucho más fuerte y está en peligro su sostenibilidad.

No solamente las empresas distribuidoras están registrando pérdidas, sino que a muchos trabajadores se les ha suspendido sus contratos o han sufrido despidos.

Se estima que el daño de la industria por el Covid-19 se podrá recuperar en dos años, de acuerdo con estimaciones de la Asociación de Distribuidoras de Automóviles de Panamá.

Durante esos 15 días de inactividad las agencias podrían comercializar sus automóviles de manera digital con entregas a domicilio. Esto es una facilidad que muchas marcas brindan, sin embargo lo cierto es que todavía los compradores panameños no han dado el salto. Estamos en una etapa de transición. Todavía para tomar la decisión de comprar requieren ver de cerca el vehículo que van a comprar, palparlo, compararlo e, incluso, sentarse en sus asientos y manejarlo. Llegará el día que los compradores serán 100% virtuales.

En la actualidad, para dar un óptimo servicio se deben complementar la parte digital y la atención en las sucursales. Durante los meses de reapertura del 2020 las agencias atendieron a los interesados sin presentarse casos o denuncias por incumplir las medidas sanitarias.

Para atender al público se podría continuar tal como se hizo en ese periodo, que se atendía por cita y aplicando medidas de bioseguridad (distanciamiento físico, mascarillas, toma de temperatura y desinfección en el calzado). Generalmente las agencias por diseño tienen amplios espacios, lo cual resulta conveniente para evitar la propagación del virus.

Resguardar la salud es un compromiso que debieran suscribir todos los sectores. Sin embargo, el criterio técnico ha generado dudas o críticas. No parece muy congruente que algunas actividades de la industria si han sido autorizadas a partir del pasado jueves 14. Por ejemplo, los servicios de mecánica automotriz, chapistería y electromecánica. Se puede también realizar venta de repuestos y el alquiler de vehículos y otros equipos de transporte.

Es decir, en resumen, los consumidores pueden reparar un automóvil, comprar piezas, alquilar un auto pero no comprarlo.

En esta era de limpieza y lucha contra el virus Covid-19, los lava autos tampoco están autorizados. Deben esperar un mes para brindar ese servicio a los conductores.

Tales decisiones no parecen coherentes y dejan serias dudas sobre los criterios para marcar la línea en esta materia tan importante.

Las secuelas de la pandemia que estamos viviendo se pueden sentir en casi todas las familias y en todos los sectores de la sociedad. Se ha desmejorado la calidad de vida y se viven situaciones críticas. Por eso es importante tener una visión balanceada entre la salud y la parte social para tomar la importante decisión de cerrar o autorizar la reanudación de actividades.

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