Pasajeros en motocicletas también deben cumplir normas
- Mario Andrés Muñoz

- 29 jun
- 2 min de lectura
La muerte de un joven de 21 años que viajaba como pasajero en una motocicleta, tras una colisión entre dos motos en El Salado de Antón, volvió a poner el tema de las medidas que deben tomar los motociclistas y sus acompañantes.

Algunos subestiman el riesgo de ir “atrás” en una moto. En este caso, la víctima fue expulsada y cayó violentamente contra el pavimento. Los reportes iniciales agregaron un elemento todavía más alarmante: todos los implicados dieron positivo en alcoholemia.
Es bueno recordar que el pasajero de una motocicleta no está al margen del Reglamento de Tránsito. Debe cumplir con el tema de cero grados alcohólico. En Panamá, el conductor tiene la obligación de evitar las distracciones, de usar casco y de exigir a su pasajero que también lo use.
Además, desde la Resolución OAL 973 de la ATTT, tanto conductor como acompañante deben llevar prendas reflectivas o de alta visibilidad entre las 6:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana, y el casco debe ir correctamente asegurado a la barbilla.
La evidencia internacional explica por qué esa obligación no debería verse como un trámite. La Organización Mundial de la Salud sostiene que el uso correcto de un casco de calidad puede reducir el riesgo de muerte en un choque por más de seis veces y el riesgo de lesión cerebral hasta en 74%.
De acuerdo al Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, los cascos son alrededor de 41% efectivos para prevenir muertes entre pasajeros y disminuyen en 69% el riesgo de lesión craneal. No es exageración: en una motocicleta, la cabeza del acompañante también va expuesta.
Las cifras panameñas muestran que el problema rebasa el caso aislado y el patrón se repite. En febrero de 2026 murió una mujer que iba como pasajera en una de dos motocicletas que colisionaron en Panamá Oeste.
En el 2025 una joven de 27 años falleció en Bugaba luego de ser expulsada de la moto en la que viajaba. En julio de 2025, un conductor y su acompañante de 18 años murieron tras perder el control y caer a una quebrada en la vía Summit. Son hechos distintos, pero todos apuntan a la misma conclusión: el pasajero de motocicleta no viaja “más seguro” por ir detrás; viaja igual de expuesto y, a veces, con menos capacidad de reacción.
La ATTT ha realizado operativos en días recientes verificando la licencia tipo B, casco reglamentario, placa única definitiva, identificación de la motocicleta y póliza vigente. También ha advertido que las motos no están autorizadas para prestar transporte público irregular de pasajeros.
Pero la fiscalización, por sí sola, no resolverá el problema si todavía es una cultura de llevar a los acompañantes sin protección completa, aceptar viajes con conductores que han tomado o creer que un trayecto corto, rural o nocturno “no pasa nada”.
El mensaje que deja el caso de Antón es claro. En una motocicleta, el pasajero no es relleno ni carga liviana: es una vida completamente expuesta. Si el conductor bebe, acelera de más, circula sin visibilidad o no exige casco, no sólo se arriesga él. Arriesga a quien confió en subirse detrás. Y esa confianza, una y otra vez, está terminando en la sala de urgencias o en la morgue.



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